Obra poética (1904-1974), de Saint-John Perse. Galaxia Gutenberg. 2025
Atendiendo a la idea de viaje (vida-muerte) y al gran símbolo, el mar, que ocupó buena parte de su obra (tal vez la más significativa) canta el poeta: “¡Te invocamos, marea!, avizoramos, foráneo oleaje, tu errante recorrido por el mundo. Y si fuera menester, más libres, más lozanas nos mantendremos para la acogida, nos despojaremos ante la mar de todos los utillajes y de cualquier memoria”.
Canta y su canto alude, a la vez, obsérvese, no tanto al amor, la gran argumentación que alimenta a la naturaleza, sino a la idea del amor, a una idea del amor que, universalizada, trasciende el sentir y el significado de cuanto vive, de cuanto tiene color, de cuanto piensa, de cuanto es, pues, junto al canto general de la significación y la belleza en permanente crecimiento, está la idea panteísta a través de la cual cuanto vive (y es) tiene forma y color y puede llegar a obtener un valor próximo a lo religioso…
Su obra, desarrollada fundamentalmente a través del poema, nos viene dada a través de una composición expresada en un gran ritmo interno musical. Bien a través de la más amplia expresión del verso libre, extenso, manifestado en un lenguaje de prosa poética que, en el fondo, parece equivaler a un mar irreversible y eterno, bien como el verso rimado en la forma al estilo tradicional del verso corto, medido.
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