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Los aforismos de Debullar, ya desde sus primeras páginas, plantean una escritura marcada por la duda y la interrogación: “¿a ónde se chega?, ¿a qué, cando a única certidume e o que falta?” (“¿A qué se llega?, ¿a qué, cuando la única certidumbre es lo que falta?”). Esta actitud recorre toda la obra y constituye uno de sus ejes: el pensamiento como tanteo, como búsqueda nunca resuelta.

La mirada del autor se detiene también en lo cotidiano y en la naturaleza: el mar, la lluvia, los árboles. Estos elementos funcionan como espejos del estado interior, pero también como contrapunto: frente a la inestabilidad humana, la naturaleza aparece dotada de una cierta armonía o misterio.

Uno de los temas más insistentes es el poder de la palabra. Martínez-Conde reflexiona sobre el lenguaje no solo como instrumento, sino como espacio donde se construye —y se traiciona— la experiencia. “A palabra […] tanto nos viste como nos deixa espidos” (“La palabra […] tanto nos viste como nos deja desnudos”), escribe, señalando esa ambivalencia: el lenguaje revela, pero también oculta. La escritura aparece entonces como una necesidad vital, casi terapéutica: “Cando se acode á escritura é que xa se está a tocar fondo” (“Cuando uno se dedica a escribir es que ya está tocando fondo”) . Escribir es una forma de enfrentarse a uno mismo, de ordenar el caos interior, aunque nunca se logre del todo.

Todo é bo (é propio) para queimar na fogueria da melancolía

A mirada sencilla saberá distingui-la beleza no entorno acre

Como un bo artesán, escollía o mellor material para as súas palabras

 

(Todo es bueno (es propio) para quemar en la hoguera de la melancolía

La mirada sencilla sabrá distinguir la belleza en el entorno árido

Como buen artesano, escogía el mejor material para sus palabras)

Género: Aforismo
Lengua: Gallego
Editorial: Galaxia
Año: 1998