Colette, de Sido. Acantilado. 2026
Un lenguaje suelto, abierto, animado por la curiosidad y el conocimiento –exigencias que propicia el vivir– es lo que muestra este libro que cautiva por su decir y que evoca, en un momento u otro, la figura de la madre como vínculo de significación y unidad.
Su lectura es un ejemplo de sencillez narrativa no exenta, al contrario, de consideraciones humanas en las que reparar: “Yo repetía el final de sus frases. Ya tenía la voz más grave que la suya, pero imitaba su forma de hablar, Todavía la imito”. Literatura es contenido de emociones, por lo tanto de pasiones. Es paradigma de diálogo para expresar, para comprender la realidad. “Sí, como hoy –dijo mi madre soplando sobre un copo imponderable de plata, arrancado del pelaje de la perra habanera a la que estaba peinando. El copo, más fino que el vidrio hilado, se embarcó lánguidamente sobre un arroyuelo de aire ascendente, subió hasta el tejado y se perdió en un exceso de luz”…
El libro es un simple y claro y eficiente deparar de un grado de inteligencia que aporta el escritor, de donde deviene un cierto grado de imagen y ternura que humaniza en lo más elemental el ser de los partícipes. No es casi nada y lo es casi todo. ¿Para qué más?
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