El amor, el mar, de Pascal Quignard. Galaxia Gutenberg. 2024
Es curioso porque, ya por el interior del texto, nos topamos de nuevo con una ambigüedad que, como casi todas, no son ingenuas, y menos en este caso, me temo. La frase que otorga amplitud a la interpretación dice así: “Le gustaba infinitamente beber infinitamente”.
El lector, el lector atento, ha de sentirse, a través del discurso –tan metódico en su vaguedad poética (adviértase, no hay coma, separación, entre mar y amor), tan sugerente más allá de las significaciones sencillas– ha de sentirse apelado hacia el pensamiento abierto, liberado, deseante, anhelante de mayores significados o prolongación…
El título ya supone un a modo de descanso estético, y propicia la percepción de un ver-percibir, un sentimiento sensible. Buen prólogo –más o menos explícito– para el inicio de una aventura –todas lo son– de lectura literaria.
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