El archivo de los sentimientos, de Peter Stamm. Acantilado. 2024
El lenguaje de este libro es tan sutil, su capacidad de significación es tan alto que, más que el secreto de lo expresado esté en la cualidad de la elección de las palabras, pareciera estarlo en el ambiente, en la atmósfera sugerente, sentimental y animada emocionalmente con el que los personajes (él, ella) son capaces de imbuir en el lector un vinculo de enamoramiento que, siendo real, no toca obsesivamente lo material sino que parece elevarse como un cielo limpio y expresivo: “Franziska y yo nunca volvimos a hablar de aquel beso ni de mi amor por ella. Pero nuestra relación cambió después de eso, puede que se volviera incluso más estrecha. Yo daba las gracias por estar cerca de ella, y a ella parecía gustarle tenerme cerca”. No se necesita más realidad para el amor; y está ahí…
El lector tiene la sensación de habitar una atmósfera real entre dos personas vinculadas entre sí, y a la vez la de un observador sonriente (sentiente, incluso) donde lo más humano casi no tiene forma, es un deseo, una sensación, una necesidad, un esperado viaje en el que se confía.
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