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El país fértil, de Pierre Boulez. Acantilado. 2024

Las artes las aportan, complementariamente, Pierre Boulez desde el lado de la sabiduría musical (el sonido, el gesto, el matiz), y Paul Klee desde el trazo fino y decidido de sus dibujos-pinturas animados de una sencillez tan sobria y quieta como infantil casi. Ambas, pronto, confluyen para hacer de la lectura –y de la comprensión introspectiva de ambas artes– un recorrido tan vital como vivificante.

La exposición-explicación que hace Boulez del cuadro de Klee titulado Rhythmisches (‘Rítmico’) es de una didáctica tan seductora que, para un lector sensible, sería difícil resistirse a sentir el ritmo que el músico deduce de la obra del artista plástico: “…utiliza un tablero normal, blanco y negro. Pero nos muestra que no estamos obligados a ceñirnos a la alternancia entre estos dos colores, pues el ritmo del tablero puese ser otro (…) ternario si éste fuese blanco, negro y azul. Y nada nos impide ir más allá y seguir buscando variaciones en las casillas (…) Me he detenido en el principio del tablero porque tiene una gran importancia en la música. La concepción del tiempo está basada en unidades. El tiempo no se marca en el absoluto, la noción cronométrica carece totalmente de interés (…) A nadie se le ocurriría entusiasmarse con la duración cronométrica del movimiento de una sinfonía o de cualquier obra musical. Lo importante es marcar el tiempo a través de la pulsación, es decir, de lo que generalmente llamamos ritmo”…

Lo fértil aquí reside, diríase, en la sensibilidad para aunar distintas expresiones artísticas sin necesidad de fórmulas explicativas; el ser de cada cual, la pintura minuciosa y el matiz de la música derivan de la narración como una unidad, como un todo que refiere al equilibrio, a la estética: tal vez, incluso, a un tono lúdico que atrae hipnóticamente.

Medio de comunicación: Todoliteratura

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