El lenguaje que Ricardo Martínez construye minuciosamente en este libro cobra vuelo hasta legar a la serenidad. Su decir poético es la calma. Y ahí, en ese lugar profundo, se mueve a paso lento, cuidadoso, sutil, como para que cada elemento del universo pueda ser considerado y contemplado: “Y la tarde se detiene también, duda como sumida en un pensar ajeno”. Es un bálsamo esta lectura, en medio de tanta velocidad urbana, encontrarnos con líneas que prescindan del apuro compulsivo, de la superficialidad, y que puedan detenerse a contar de esa manera lenta, la vida.
Una obra madura que da la sensación de un estilo definido. Reflexivo, coloquial y lírico, filosófico. Son muchos los matices que van dejándose entrever en este libro. Hay un sereno agradecimiento de la existencia, serenamente melancólico, pero sin rencores: “Nunca la niebla se fue del todo. Y el hombre se hizo a su paisaje, casi sublime; a veces tiene ese don”. “Cada día conmemora el viejo milagro de esperar, es decir, de la resurrección de aquello que es anhelo; o pasión”…
Gustavo Travi (Culturamas)
Suena la campana.
Se acuna el cielo.
El ritmo es el del equilibrio, la armonía
que ordena y preconiza.
No está la paloma.
No está la risa en la plaza de los juegos.
Sólo está el vacío premonitorio.
Suena la campana, casi femenina
Género: Verso
Lengua: Castellano
Editorial: Vitruvio
Año: 2015
