En este momento estás viendo La cuestión y el gesto

La cuestión y el gesto

Es curioso: las figuras carecen de (o eluden) la condición humana a la vez que se presentan como el símbolo de lo humano, de la consumación, mutatis mutandi, de lo humano. Él, la figura del Creador, el que pretendidamente conoce y ahuyenta las dudas tan trágicamente humanas, ‘jamás manifiesta emoción’. ¿Cómo, entonces, ese Dios pretende ser el interlocutor del hombre?

Y es que, efectivamente, en muchos casos alusivos de la iconografía religiosa el observador se pregunta: ¿Quién, de verdad, me mira y escucha?, ¿quién me sonríe?, ¿quién acoge mi historia y no la de una vaga trascendencia? ¿Qué dogmatismo, que aparenta distante y separador, pretende ganar mi voluntad y vincularla con la fe, con el más allá religioso? Quizás, aún, algo más: ¿cómo puede ser que ese Dios ‘deshumanizado’ —carente de gesto, de emociones— pretenda ser el interlocutor del hombre? Sí sería válido el dios griego, humano en su forma y sus pasiones, ¿pero un Dios únicamente juez y alejado de los ‘pormenores’ cotidianos? La Historia, esa presunta realidad que existe y formulamos, ¿no habrá alimentado la existencia de muchos de sus símbolos a través de una mentira ideológica, iconográfica, cuyo resultado sean únicamente la sumisión o la tragedia? (Habría de ser, entonces, el hombre renacentista quien, ante tal superchería, y en su calidad de curioso, heterodoxo- escrupuloso, se preguntase un día: ¿y para eso la libertad?)…

Escribe André Chastel* a propósito del gesto artístico: “Todo sucede como si, al estar construidas estas obras alrededor de una relación ‘gestual’ (se refiere a la pintura ‘San Mateo y el Ángel, de Caravaggio) el cambio de registro se redujera a una nueva manera de definir los gestos”. 

Medio de comunicación: Entreletras

VER ARTÍCULO COMPLETO