Las sirenas de abajo, de Aurora Luque. Acantilado. 2023
Se advierten, en distintos poemas, que la educación griega ha dejado huella directa y sencilla en la forma de ver-exponer-pensar la realidad próxima; una de las expresiones del decir poético: “Las calles con ventanas/ abiertas y tapiadas a la vez./ El huerto que parece/ marchito en pleno abril./ El periódico y nadie que critique/ lo banal y lo torpe./ Sin duplicar la taza./ El pijama doblado/ y la ropa quietísima…” En este caso es la soledad de su madre la que la poeta considera como modo de homenaje y afecto y vinculo hacia su figura. Y en ello lo que cuenta es la palabra elegida con mesura y símbolo, con escueta significación y realidad viva, expresiva.
Es así que los elementos constitutivos son efectivos en el lenguaje, precisos en el decir y, a la vez que evocadores, incitadores a una forma de apreciar. Herencia de la cultura que cultiva el bien del espejo. Y del paisaje cotidiano, podríamos decir, como paisaje trascendente. Lo humano y la naturaleza como convivientes naturales y, en alguna manera, armonizados…
Aquí no hay alusión a mitos o a ninfas, a dioses más o menos próximos, sino que se acomoda a un paisaje propio, femenino.
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