Páginas escogidas, de Carmen Martín Gaite. Siruela. 2024
Estamos, probablemente, ante una de las escritoras más interesantes dentro de la última prosa contemporánea española. Lúcida en sus apreciaciones literarias, de palabra flexible y significativa, con un sentido del humor muy didáctico y, en fin, culta en el más amplio sentido de la palabra.
Leerla es un ejercicio de transparencia literaria y una suerte para entender sin requiebros excesivos lo que supone un texto limpio, directo e imaginativo: “Julia quería hablar más, pero don Luis tenía voz de prisa. Ahora las mentirillas, el cotilleo, las malas contestaciones a la tía. Don Luís escondió un bostezo. Estaban cantando el ‘Cantemos al amor de los amores’. La iglesia se apaisaba, dejaba de girar. Los altares, las velas y los santos volvían a sus sitios, desfilaban por la canción en línea vertical, despacio, como cuando se pasa un mareo”.
El lenguaje es rico también en giros lingüísticos coetáneos, de la época, lo que ayuda a la comprensión y el seguimiento de la lectura con más dinamismo…
Hizo mucho por fundamentar una generación literaria –su generación– que había de afirmarse en nuestro país con un marchamo de exigencia y calidad notorios, y ello es un haber que ha de hacerse notar en el currículum de un escritor. Y ella había, a su vez, de nutrirse también de la influencia de los suyos.
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