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Poesía es el canto

En el canto está la vida. En él se guarda y expresa su significación, su vital simbología. Y aún puede decirse que en él se contiene un algo de divino, pues por él es posible convocar a la emoción, a los sentidos. Como rito iniciático, ha nacido de la sombra: «El desarrollo de un lenguaje inteligible a partir de los primeros gritos emotivos está tan envuelto en misterio y es tan difícil descifrarlo —escribe Bowra— que es prácticamente imposible hacer conjeturas sobre el momento en que los hombres adquieren el dominio suficiente sobre las palabras que les permite dedicarlas a una tarea tan bella y exigente como la composición de cantos».1 Es de señalar, sin embargo, que el primer modo de expresión del hombre (¿para manifestar los secretos que se guardan dentro de sí? ¿Para establecer una comunicación con las fuerzas que le son extrañas?) fue la danza. En ella se depositaron desde un principio dos destinos: «Bien se consideraba de utilidad religiosa para complacer a los dioses», bien «solían ser ritos mágicos relacionados con el deseo —y la necesidad, tan siempre unidos— del hombre de imponer su voluntad sobre los animales, a fin de poder cazarlos».

Durante los primeros albores de la vida del hombre, había de ser solo la danza, pues las palabras no se utilizaban para aumentar la fuerza de los ritos o para explicar lo que la danza en sí expresaba; pero pronto se alcanzaría la convicción de que las palabras eran necesarias. «Un rito practicado durante tanto tiempo que su verdadero significado se había oscurecido —relata Bowra— exigía una explicación en palabras que pusiera al alcance de todos su pertinencia y su objetivo».2 Es así que la danza existía y el canto surgió de ella, de su ritmo, otorgando mayor significación y valor a la ceremonia. Probablemente el primer proceso fue la aplicación de sonidos desprovistos de sentido. El canto, así, parte casi de la nada, pero con el tiempo va a florecer en formas más complejas hasta arraigar en un arte consciente, «compuesto con una concentración especial y apreciado por la fuerza que confiere a las palabras». En efecto, el fin residía en que «debían encontrarse las palabras justas para un propósito particular y adaptarlas a una tonada»: así obtendrían su auténtica validez y significación…

El canto aparece como el medio necesario, como el vehículo transmisor, como la gran intercesión a fin de alcanzar la mayor y más sublime expresión. «Canta, oh diosa»: Así se inicia ese gran poema que constituye La Ilíada. ¿Y no es en cantos (al modo de una formulación necesaria, en favor del más sublime poema concerniente a las tribulaciones del corazón del hombre) la forma expresiva en que se divide la Divina Comedia, ese «poema sacro en el que han puesto mano cielo y tierra»? 

Medio de comunicación: El Cuaderno

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