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Quevedo en sociedad

Innumerables páginas se han escrito hasta ahora acerca de la vida del poeta, unas ciertas, otras atribuidas. Se ha insistido sobre todo (y no siempre refrendado en datos fiables) en el riquísimo anecdotario de su vida azarosa y turbulenta, llena de rasgos jocosos, cuando no trágicos. Ahora bien, es probable que todo ello (fruto, como digo, de un análisis superficial en numerosas ocasiones) no haya servido sino para ocultar al verdadero hombre, esto es: la complejidad de su sicología, la influencia que su aspecto físico pudiera haber tenido sobre su proverbial mordacidad; incluso para ignorar a veces la influencia que su personalidad pudo tener en las múltiples manifestaciones de su carácter, y, por derivación, en las críticas acervas que le habían de ser atribuidas. Es más, cabría preguntarse incluso hasta qué punto lo aparentemente paradójico de su comportamiento en la vida pública no sería sino el resultado de un carácter muy individualizado frente a una sociedad cuyo inconsciente colectivo tiene establecidos con implacable claridad sus propios límites, límites que las clases altas trataban de imponer a todo cortesano.

¿No se habrá dado, acaso, en Quevedo, de un lado la necesidad de adaptarse, aunque fuese de una forma hipócrita (recordemos que su familia, si bien de origen montañés, carecía de títulos de nobleza), y de otro, forzado por este propio fingimiento, a ejercer la crítica directa de esa sociedad como resultado de su honda formación humanística, moral y estoica? ¿Ha tenido Quevedo, en algún momento de su vida, la independencia social (y económica) suficientes para poder actuar y criticar a su libre albedrío, sin verse obligado a actuar bajo la presión de las circunstancias?

Muchos de los vicios denunciados por Quevedo eran, efectivamente, una lacerante realidad en la España de primeros y mediados del siglo XVII. 

Medio de comunicación: Letralia

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